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El pasado morisco de Capileira ha
dejado como herencia un entramado de calles tortuosas que se adaptan
a la pendiente de la ladera a la que se aferra su caserío.
Callejuelas donde se entreveran la piedra y la blancura de la cal.
Merece la pena transitar sin rumbo fijo por ellas para, a cada paso,
sumergirnos en una auténtica fiesta para nuestros sentidos.
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Calle
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